La Generación del 27 III

Rafael Alberti (1902-1999)

Nacido en el Puerto de Santa María (Cádiz), Rafael Alberti tuvo una infancia marcada por la figura de su padre, un exportador de vinos. A los 15 años, se trasladó a Madrid y abandonó sus estudios para dedicarse a la pintura, su gran pasión. Sin embargo, la muerte de su padre fue un punto de inflexión que lo llevó a la poesía.

Una enfermedad pulmonar lo obligó a retirarse a San Rafael, en la Sierra de Guadarrama, donde escribió «Marinero en tierra,» su primer poemario, con el que ganó el Premio Nacional de Literatura. Ya recuperado, se unió a la Residencia de Estudiantes, donde conoció a otros miembros de la generación del 27.

Su compromiso político lo llevó a afiliarse al Partido Comunista en 1931 y, al finalizar la Guerra Civil, se exilió, viviendo en Buenos Aires y Roma. Regresó a España en 1977, fue elegido diputado y, aunque renunció a su escaño, se convirtió en una figura literaria muy respetada.

La obra de Alberti se divide en tres etapas:

  • Primera etapa: su poesía popular, influenciada por la lírica andaluza, está plasmada en «Marinero en tierra.»
  • Segunda etapa: su estilo se inspira en la obra de Góngora y las vanguardias.
  • Tercera etapa: sus poemas se vuelven más políticos, aunque también reflejan la nostalgia por su tierra natal en obras como «Retornos de lo vivo lejano.»

Poema: «El mar, la mar»

El mar.
La mar.
El mar, ¡sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
En sueños la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste acá?

Dámaso Alonso (1898-1990)

Dámaso Alonso nació en Madrid, aunque su familia tenía raíces gallegas y asturianas. Tras la muerte de su padre cuando él tenía solo dos años, se mudó con su familia a Madrid. Allí, estudió Bachillerato y, junto a su gran amigo Vicente Aleixandre, pasaba los veranos leyendo a autores como Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez.

Estudió Derecho y Filosofía y Letras y fue un miembro activo de la Residencia de Estudiantes, donde conoció a sus futuros compañeros de generación. Se casó con la filóloga Eulalia Galvarriato y, tras la Guerra Civil, permaneció en España, obteniendo la cátedra de Filología. En 1968, fue nombrado director de la Real Academia Española.

Su obra también presenta diferentes etapas:

  • Primera etapa: en obras como «Poemas puros, poemillas de la ciudad,» predominan los versos de juventud, sencillos y con influencia modernista.
  • Segunda etapa: influenciado por el dolor y la miseria de la posguerra, escribió «Hijos de la ira» y «Hombre y Dios,» obras que reflejan la angustia existencial.
  • Tercera etapa: publicó «Gozos de la vista,» un libro más optimista que celebra la dignidad del ser humano.

 

Poema: «Oh Dios»

Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,
igual, igual que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche,
con mi desgarradora interrogación
bajo la penumbra de las estrellas,
y bajo la terrible tiniebla
de la luz solar.
Me acechan ojos enemigos,
formas grotescas que me vigilan.

Miguel Hernández (1910-1942)

Nacido en Orihuela, Miguel Hernández tuvo una infancia humilde. A los 13 años, a pesar de que los jesuitas le ofrecieron una beca para seguir estudiando, su padre decidió que debía ayudar con el rebaño de cabras familiar. Sin embargo, su pasión por la lectura lo llevó a la biblioteca pública, donde leyó a los clásicos del Siglo de Oro y comenzó a escribir sus primeros versos.

Cuando pudo comprarse una máquina de escribir, se la llevaba al campo para redactar sus poemas mientras cuidaba de sus cabras. Viajó a Madrid, donde conoció a José María de Cossío, y en la capital contactó con Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, quienes lo apoyaron en su carrera.

Durante la Guerra Civil, se afilió al Partido Comunista y sirvió como comisario político en las tropas republicanas. Al terminar la guerra, intentó escapar a Portugal, pero el gobierno de Salazar lo entregó a la Guardia Civil española. Fue condenado a muerte, pena que luego fue conmutada por 30 años de prisión. Miguel Hernández falleció a causa de la tuberculosis en la cárcel de Alicante en 1942, con tan solo 31 años.

Su obra poética se caracteriza por la vitalidad y el compromiso social. Destacan libros como «Perito en lunas» (1933) y «El rayo que no cesa» (1936), del que se extrae la siguiente elegía.

Poema: «Yo quiero»

Yo quiero ser llorado el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas,
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

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