EL CID

Don Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como “El Cid Campeador”, es un personaje legendario que ha perdurado a lo largo de los siglos como el gran héroe de la Reconquista que llevaron a cabo los reinos cristianos del norte de la península ibérica contra los reinos musulmanes del sur.

 

El Califato de Córdoba terminó  en el año 1031, quedando divido en numerosos Reinos de Taifas. 14 años después, en el año 1045, nace en Vivar, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, Rodrigo Díaz de Vivar. A la edad de 10 años se queda huérfano de padre y es enviado a la corte del Rey Fernando I de Castilla y León, dónde conocerá al infante Don Sancho. Rodrigo se convierte en paje y amigo de Sancho, que reinara como Sancho II.  

 

A la muerte del rey Fernando I, su reino se reparte entre sus tres hijos: Sancho pasa a ser rey de Castilla, Alfonso rey de León y García rey de Galicia.  Rodrigo Díaz de Vivar ayudó a Sancho en las batallas que lo enfrentaron con sus hermanos para reunificar el reino. Por ello se ganó el sobrenombre de “Campeador”, es decir guerrero a campo abierto.

 

Al ser asesinado Sancho II por el noble leonés Bellido Dolfos, el “Campeador” pasó a servir a Alfonso VI, ahora rey de Castillo y de León,  que concertará el matrimonio de Don Rodrigo con su sobrina Doña Jimena.     

 

En el año 1079, el rey envía a Don Rodrigo y sus tropas a cobrar el tributo, llamado paria, concertado con el rey de la taifa de Sevilla e igualmente envía a García Ordoñez a Granada para cobrar la paria correspondiente.

 

El rey taifa de Granada se puso de acuerdo con García Ordoñez para atacar Sevilla, que fue defendida por Don Rodrigo, que tras intentar la vía pacífica, derrotó a los agresores.

 

En el año 1081, los musulmanes toman por sorpresa la fortaleza de Gormaz y Don Rodrigo por su cuenta y riesgo contraataca ocasionándoles una severa derrota. Mientras esto ocurría, el rey Alfonso VI, que se encontraba en campaña por tierras toledanas, vio comprometida su situación y decretó el destierro de Don Rodrigo.

 

Al ser desterrado, parte a tierras de Aragón al frente de sus mesnadas – sus fieles soldados –  y se pone al servicio del rey de la taifa de Zaragoza, el musulmán Al-Mutamín. Tras vencer en varias batallas, al grito de “Sidi Sidi” (“Mi Señor en árabe andalusí) se le empieza a llamar «El Cid”. En la batalla de Morella vencerá al rey de Aragón, al conde de Barcelona y al rey árabe de Lérida.

 

Para el año 1086, la taifa de Toledo era ya castellana y Alfonso VI intentará tomar la taifa de Zaragoza que defendida por el Cid, resistió. Se producirá el desembarco de tropas almorávides procedentes del norte de África para ayudar a los reinos andalusíes frente a los avances cristianos. En la batalla de Sagrajas, los cristianos sufrieron una gran derrota.

 

El Cid, al frente de su mesnada, llegará a dominar Valencia como señorío independiente del rey y la defenderá de la invasión almorávide; allí morirá en el año 1099. Su esposa, Doña Jimena, lo heredó hasta el año 1102, en que pasará de nuevo a dominio musulmán.

 

EL Cid es un personaje icónico que permanece en la historia de España y que entró en la leyenda, gracias a los trovadores, que cantaron sus gestas.

 

En el Cantar de mío Cid se narra el juramento que obligó hacer el Cid Campeador al rey Alfonso VI sobre la muerte de su hermano Sancho II: 

En santa Águeda de Burgos,
do juran los hijosdalgo,
le toman la jura a Alfonso
por la muerte de su hermano;
tomábasela el buen Cid,
ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo
y con unos evangelios
y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes
que al buen rey ponen espanto.

 

Documentado por

Micaela Bohórquez Mencos

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