El Museo Thyssen-Bornemisza, situado en Madrid, guarda una de las colecciones más fascinantes del mundo. Un recorrido por cinco siglos de pintura que nos invita a mirar y sentir. En este video te ofrecemos una selección de 10 obras maestras que necesariamente tienes que ver, de pintores como Jan van Eyck, Caravaggio, Rembrandt o los impresionistas Van Gogh y Cézanne.
LA ANUNCIACIÓN – Jan van Eyck (1433–1435)
El cuadro La Anunciación del pintor flamenco Jan van Eyck es un díptico que muestra la escena como un trampantojo escultórico, es decir, busca engañar la vista, creando la ilusión de que se trata de una escultura. Con una técnica monocromática llamada grisalla, van Eyck representa a la Virgen y al ángel Gabriel como figuras de piedra, ubicadas en nichos arquitectónicos. Los efectos de luz, los pliegues pesados y los reflejos precisos crean una tridimensionalidad asombrosa. Una obra que demuestra que la pintura puede igualar —o incluso superar— a la escultura.

RETRATO DE GIOVANNA TORNABUONI – Domenico Ghirlandaio (1489)
Este retrato del maestro florentino Domenico Ghirlandaio es una joya del Primer Renacimiento. La joven Giovanna aparece de perfil, rodeada de libros, joyas y una inscripción que dice: “¡Ojalá pudiera el arte reproducir el carácter y el espíritu!”. Giovanna había fallecido, y este retrato póstumo es un homenaje a su virtud, su cultura y su estatus. Un retrato que encarna el ideal humanista de la época.

NUNC DIMITTIS (ASUNTO MÍSTICO) – Giovanni Bellini (1505–1510)
La obra muestra al anciano Simeón sosteniendo al Niño Jesús, cumpliendo la promesa del Espíritu Santo. El paisaje al fondo da profundidad, mientras el Niño, único que mira al espectador, actúa como eje de conexión. Bellini equilibra luz, color y forma para crear una atmósfera contemplativa y espiritual. Una escena veneciana que irradia serenidad y trascendencia.

SANTA CATALINA – Caravaggio (1598)
Caravaggio retrata a la cortesana Fillide Melandroni como Santa Catalina, arrodillada y envuelta en sombras dramáticas. La luz resalta su rostro y los símbolos de su martirio: la espada y la rueda. Su mirada directa rompe la barrera entre arte y espectador. Con esta obra nace el caravaggismo, un estilo que revolucionará Europa por su intensidad y realismo.

AUTORRETRATO CON GORRA Y DOS CADENAS – Rembrandt (h. 1642–43)
Rembrandt se retrata en sombras, dejando que solo su rostro y dos collares destaquen. El claroscuro acentúa la profundidad emocional de la obra. Su mirada melancólica revela la huella de la pérdida de su esposa Saskia. A lo largo de su vida, Rembrandt se autorretrató más de ochenta veces, dejando un legado íntimo y poderoso de sí mismo.

LA PLAZA DE SAN MARCOS – Canaletto (h. 1730)
Esta obra es un ejemplo perfecto del género vedute. Canaletto representa la Plaza de San Marcos con una precisión casi fotográfica, gracias al uso de la cámara oscura. Las líneas horizontales y verticales equilibran la composición. Una postal monumental de la Venecia del siglo XVIII que capta la grandeza de su arquitectura.

LA AMAZONA DE FRENTE – Édouard Manet (1882)
Esta pintura inacabada muestra a Henriette Chabot como símbolo del verano. Manet usa el negro, inusual entre los impresionistas, como color principal. El trazo rápido sugiere movimiento y modernidad. Esta obra refleja el cambio de paradigma que dio origen al impresionismo, con una visión fresca, urbana y efímera.

LES VESSENOTS EN AUVERS – Van Gogh (1890)
Van Gogh retrata un paisaje rural con casas, campos de trigo y árboles ondulantes. Los colores verdes y amarillos vibrantes se aplican con pinceladas enérgicas. El cuadro es una declaración de amor al color y a la naturaleza. Van Gogh anticipa con esta obra los movimientos del Fauvismo y el Expresionismo.

HOMBRE SENTADO – Cézanne (1905–1906)
Un campesino anónimo se sienta con calma. Su ropa azul y su sombrero de paja lo vinculan al mundo rural. Cézanne busca capturar la estructura interna más que el parecido físico. El rostro incompleto refuerza esta intención. La obra se centra en el equilibrio entre figura y espacio, anticipando el arte moderno.

EL SUEÑO – Franz Marc (1912)
En esta escena onírica, una mujer duerme rodeada de animales. El león y los caballos simbolizan la fusión entre lo humano y lo animal. La casa amarilla representa la realidad; los animales, lo espiritual. Franz Marc expresa aquí su idea de “animalización del arte”, un puente entre naturaleza, sueño y emoción.

▶ También te puede interesar: La Historia de España en 10 obras Maestras del Museo del Prado