POESÍA ROMÁNTICA ESPAÑOLA

El Romanticismo fue un movimiento literario y artístico que surge en Europa, principalmente en Alemania e Inglaterra, a finales del siglo XVIII llegando hasta mediados del XIX, como una reacción frente la Ilustración y la Revolución Industrial que se basaban en la razón y el progreso económico. 

Dentro de la literatura, la poesía romántica defiende la búsqueda de la libertad, expresando las emociones a través de la belleza y del amor apasionado, a veces imposible, que lleva a un trágico destino que no es otro que la muerte.

En este video se hace una breve semblanza y se seleccionan los mejores poemas de cinco de los poetas románticos españoles más destacados, desde los más reconocidos como José de Espronceda y Gustavo Adolfo Béquer, pasando por José Zorrilla, conocido sobre todo como autor de teatro, el periodista y escritor Mariano José de Larra, para terminar con Rosalía de Castro, pionera y maestra de la literatura en gallego.

 

JOSÉ DE ESPRONCEDA

José de Espronceda nace en Almendralejo (Badajoz) en el año 1808, si bien su infancia y adolescencia la pasó en Madrid. Tuvo una sólida formación intelectual, siendo alumno del sacerdote y humanista Alberto Lista. Su vida tuvo un triple componente, político, amoroso y literario. Participó en numerosos acontecimientos políticos lo que le llevó al exilio en Lisboa y Londres. Fue diplomático en la embajada de los Países Bajos y diputado de las Cortes Generales. Espronceda representa el mejor exponente del Romanticismo español, tanto en su vida como en su obra. Su temprana muerte a los 34 años, le hizo convertirse en un mito ya que supo combinar la rebelión moral y política con una elevada creación artística.

En el poema Canción de la muerte describe la muerte como un descanso, un lugar acogedor para el ser humano en el que desaparece las tristeza, el dolor o las preocupaciones; es decir, una nueva vida cuando la terrena termina.

Canción de la muerte

Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.

Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
más es eterno mi amor.

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Gustavo Adolfo Béquer nace en Sevilla en 1836, hijo de un pintor costumbrista de origen flamenco. Su infancia viene marcada por las adversidades. A los cinco años muere su padre y a los once su madre. Tanto él cómo su hermano mayor Valeriano unidos por una estrecha relación durando toda su viva, quedaro al cuidado de una tía materna. Con veintitrés años se traslada a Madrid, donde encuentra trabajo como escribiente, pero es despedido. Vive de forma muy precaria y enferma de tuberculosis, de la que se recupera en la sierra del Moncayo. Vuelve a Madrid ejerciendo como periodista en varias publicaciones, llegando a ser director del periódico El Contemporáneo.  Una año después de su muerte, a los 34 años, sus amigos publican sus obras, entre ellas las famosas Rimas, si bien habrá que esperar al siglo XX para que sean reconocidas en todo su alcance y significación. 

En el poema, Siempre habrá poesía, una de sus Rimas más conocidas, expresa cómo en un mundo a veces catastrófico siempre hay esperanza a través del arte poético.

Siempre habrá poesía

Mientras sintamos que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

¡habrá poesía!

Mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,

¡habrá poesía!

Mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas;

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!

MARIANO JOSÉ DE LARRA

Mariano José de Larra nace en Madrid en 1809, si bien a los pocos años su familia tuvo que exilarse a Francia, sospechosa de colaboracionismo  ya que su padre había sido el médico cirujano militar de las tropas invasoras de José Bonaparte. De vuelta a España, estudia Medicina y Leyes, carreras que no consiguió terminar, dedicándose principalmente al periodismo. Consideraba que la literatura debía tener una función social; por ello, su obra se caracteriza por ser crítica y satírica; un ejemplo de ello es el famoso artículo “Vuelva usted mañana” en el que ironiza sobre la burocracia que sufren los ciudadanos españoles.  Larra se suicidó a los veintiocho años, dándose un pistoletazo en su domicilio, tras una discusión con su amante, que era una mujer casada.

En el poema Quiero cantar las lides, una de sus composiciones más inspiradoras, utiliza la referencia a instrumentos musicales como la cítara o la lira, para ensalzar momentos alegres en la vida.

Quiero cantar las lides

Quiero cantar las lides
en cítara entonada
sonando el eco horrendo
de fúnebres batallas.

En balde, en balde quiero
las épocas pasadas
renovar en mi lira
y antiguas las hazañas.

Amor las cuerdas todas
sacude con sus alas
y obstinado celebra
la bella que le encanta.

Suenen, lira, tus cuerdas
en la fresca mañana
la rosa del capullo
arrojando sus gracias.

 

JOSÉ ZORRILLA

José Zorrilla nace en 1817 en Valladolid, hijo de un funcionario que ejerció cargos importantes como el de gobernador de Burgos. Aunque empezó la carrera de Leyes, se fue a Madrid para triunfar como escritor. Se dio a conocer leyendo unos versos en el entierro de Larra. Su temperamento inquieto le llevó a vivir en Paris y América, concretamente, en Méjico donde fue nombrado director del Teatro Nacional en la época del emperador Maximiliano. A su vuelta a España, ingresa en la Real Academia de la Lengua y se consagra como el escritor más popular de su época. Su vida fue la de un auténtico romántico: desordenada y bohemia. 

En su obra teatral más conocida, Don Juan Tenorio, el protagonista Don Juan se dirige así a su amada Doña Inés, en la conocida “escena del sofá”:

 

Don Juan Tenorio: escena del sofá

¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?

Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?

 

ROSALÍA DE CASTRO

Rosalía de Castro nace en Santiago de Compostela en 1837, hija natural de un sacerdote y de Teresa Castro perteneciente a la nobleza gallega. Durante su infancia y adolescencia vivió tanto en el campo con la familia de su padre, como en la ciudad, lo cual le permite adquirir un profundo conocimiento de la lengua gallega. Con diecinueve años se traslada a Madrid y se casa con Manuel Murguía, escritor y fundador de la Real Academia Gallega,  que le apoyó en su carrera literaria y publicó su poemario Cantares Gallegos. Tuvo una vida llena de dolor, por las constantes enfermedades y la muerte de dos de sus siete sus hijos. Su obra, tanto en prosa como en verso, retrata perfectamente el paisaje, la melancolía “saudade” y el alma gallega, representando el renacimiento de esta lengua.

En el poema Las Campanas describe el impacto que produce la ausencia de las cosas bellas y simples del mundo, en este caso la ausencia del sonido de las campanas. 

Las campanas

Yo las amo, yo las oigo,
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido de cordero.

Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van repitiéndose

por los llanos y los cerros,

hay algo de candoroso,

de apacible y de halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos! 

Texto elaborado por:   Olegario Llamazares García-Lomas

Video realizado por:    Sofía Crespi de Valldaura

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