La Xota de Melide es una de las manifestaciones más vibrantes del patrimonio inmaterial de Galicia. Originaria de la comarca de la Tierra de Melide, este baile representa la alegría y el vigor de la música tradicional española, sirviendo históricamente como punto de encuentro en el corazón geográfico de Galicia, donde convergen las rutas jacobeas.
Orígenes de la xota en Galicia
Aunque la jota es un género extendido por toda la península, la xota galega desarrolló una identidad propia entre los siglos XVIII y XIX. En el caso concreto de Melide, la danza se consolidó como el broche de oro de las ferias de ganado y las celebraciones vecinales. Era el momento en que el pueblo festejaba el fin de la jornada al ritmo de la gaita y el tamboril.
La importancia de esta pieza reside en su riqueza rítmica y en una estructura coreográfica que exige gran destreza. A diferencia de otras variantes, la de Melide destaca por ser un baile saltado, rápido y de una elegancia sobria que refleja el carácter hospitalario de una localidad marcada por el Camino de Santiago.
El valor cultural de la Xota de Melide hoy
Hoy en día, la Xota de Melide trasciende las fronteras regionales. Su presencia en festivales y en el propio Camino de Santiago la convierte en una de las señas de identidad de la historia de España y su diversidad cultural. Gracias a grupos como «A Maristela» y a intérpretes comprometidos, esta danza sigue resonando como un símbolo de la tradición viva de las tierras gallegas.
Grupo de baile «A Maristela»
La preservación de este legado cultural llega a nuestros días gracias a la labor de colectivos dedicados a la investigación y difusión del folclore. En esta ocasión, la interpretación corre a cargo del Grupo de baile «A Maristela» de Sobrado dos Monxes, una formación clave en la comarca para mantener vivas las danzas de la zona.
La ejecución musical y el baile cuentan con la maestría de:
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Paula Roade Pérez
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Miguel Varela Puga
Su interpretación permite apreciar la técnica de los «puntos» de baile y el uso de instrumentos tradicionales que marcan el compás ternario característico. La vestimenta, el movimiento de las manos y la coordinación de los pasos son un testimonio vivo de cómo el arte popular gallego ha sabido evolucionar sin perder su esencia original.