LA BATALLA DE LEPANTO

La batalla naval del Lepanto enfrentó a dos grandes potencias de la época.

Por un lado, la Liga Santa, una coalición cristiana encabezada por la monarquía hispánica de Felipe II con la República de Venecia y la flota del Papa Pío V, junto a otras fuerzas y por el otro la poderosa flota del Imperio Otomano.

Fue una batalla decisiva, no solo por su magnitud, sino porque marcó un punto de inflexión en el dominio naval del Mediterráneo.

La batalla tuvo lugar el 7 de octubre de 1571.

Se desarrolló en el Golfo de Patrás, que separa la Grecia continental de la península del Peloponeso, enfrente de la ciudad de Lepanto, actualmente llamada Naupacto.

Este enclave se encontraba bajo dominio del Imperio Otomano que controlaba el acceso entre el Mar Adriático y el Mediterráneo Oriental.

En la batalla combatieron dos grandes bloques que representaban no solo potencias militares, sino dos mundos. enfrentados en lo político, lo religioso y lo cultural.

El ejército de la Liga Santa estaba formado por unas 208 galeras de guerra y seis galeazas de gran tamaño y potencia artillera.

Iban enmarcados unos 30,100 soldados de infantería, de los cuales 20,300 aproximadamente los aportaba España, 5000 Venecia y 100 el papado.

El resto de los aliados de la liga aportó unos 3,300 soldados más.

La flota turca la formaban unas 230 galeras de guerra y del orden de otras 100 embarcaciones de menor tamaño.

Los soldados de infantería embarcados, reclutados entre las tropas de élite del Imperio Otomano, superaban en número a los cristianos.

La Armada cristiana concentrada en el puerto de Mesina en Sicilia salió al encuentro de la flota otomana que se encontraba en el Golfo de Patrás.

A las 8 de la mañana se avistaron ambas flotas.

La flota cristiana formó en línea con tres grandes cuerpos.

Al mando en el centro, Juan de Austria, hermano bastardo de Felipe Segund, que fue nombrado capitán general de la Liga.

Agostino Barbarigo, almirante veneciano en el flanco izquierdo y Andrea Doria, almirante genobés al servicio de Felipe Segi en el flanco derecho.

Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en la retaguardia con una importante reserva de barcos.

Por delante de estos cuerpos, en primera línea, se situaron seis galeazas, galeras de gran tamaño con fuerte poder artillero, que combinaban remos con velas en tres mástiles.

La flota turca presentó una formación de media luna con las galeras en primera línea y las embarcaciones de menor tamaño detrás.

En el centro, las naves comandadas por Alipachá, gran almirante de la Armada Ottomana.

Su intención era envolver a la flota de la Liga Santa y atacarla por detrás.

El combate comenzó sobre las 12 del mediodía.

La artillería de las galeazas rompió la línea turca y la lucha se concentró en el cuerpo central de la batalla.

Las galeras se traballa naval se convierte en una lucha cuerpo a cuerpo donde la infantería es decisiva en un enfrentamiento a base de artillería de corta distancia, abordajes sangrientos y lucha con espadas, picas y arcabuces sobre las cubiertas de las naves.

El momento decisivo llegó cuando la galera capitana otomana fue abordada y Ali Pachá muere combatiendo.

Su estandarte cayó.

Y la batalla se inclinó claramente del lado de la Liga Santa.

A las 4 de la tarde, la victoria cristiana era total.

Unos 130 barcos otomanos útiles capturados, más de 20,000 muertos turcos y alrededor de 12,000 galeotes presos cristianos liberados de las naves otomanas.

Las bajas cristianas fueron de 8,000 muertos.

En ninguna de las batallas navales de la Primera o Segunda Guerra Mundial hubo tantas bajas en un solo día de combate.

Entre los combatientes se encontraba Miguel de Cervantes, que participó como soldado en una de las galeras españolas.

Durante el enfrentamiento recibió tres disparos de arcabuz, dos en el pecho y uno en la mano izquierda que quedó inutilizada para siempre.

Por esta lesión sería conocido como el manco de Lepanto.

Años después, el propio Cervantes afirmó que Lepanto había sido la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros.

La batalla de Lepanto tuvo una importancia decisiva en la historia de Europa y del Mediterráneo.

Supuso la victoria de la Liga Santa, la Armada cristiana encabezada por la monarquía de Felipe II y la primera gran derrota naval del Imperio Otomano que frenó de manera efectiva su expansión hacia el occidente cristiano.

Lepanto también tuvo un profundo significado religioso y cultural, consolidándose como un símbolo de defensa de la cristiandad y de la identidad europea frente a la expansión islámica.

 

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