Enfermedades Mentales I

La complejidad de las responsabilidades en la vida moderna es un reto para quienes tienen una enfermedad mental grave y para sus familiares.

     

La gran dificultad de atender a muchos enfermos hace necesaria la ayuda en comunidad, más allá de la familia, pero nada hay mejor que la coordinación entre familia e instituciones y que el paciente tenga autonomía, pero con alguien de apoyo cercano.

 

Entendiendo y conociendo las enfermedades mentales nos aproximamos al paciente.

 

En este video vamos a describir brevemente tres de las enfermedades mentales más comunes: la Depresión, el TOC o Trastorno Obsesivo Compulsivo y la Panonia  

 

LA DEPRESION

 

La Depresión es un trastorno mental caracterizado por una disminución del tono vital, humor predominantemente triste o angustiado, baja autoestima, pérdida de la capacidad de ilusionarse o de disfrutar.

 

Ese conjunto de manifestaciones que intuitivamente relacionamos con depresión como la tristeza, falta de ganas y energía para lo cotidiano, retraimiento, pesimismo, intranquilidad… es comprensible y natural cuando es pasajero y reactivo, y solo habrá que tratarse, cuando quita libertad o produce un dolor psíquico intenso. 

 

La forma inicial de abordar la depresión es primero, reconociéndola, cuando se presentan reacciones desproporcionadas ante los problemas de la vida. Y a continuación, buscado factores más allá de los desencadenantes vitales, en la predisposición genética (como en los trastornos bipolares), o en el estilo de personalidad (por ejemplo, quienes intentan controlarlo todo y finalmente se agotan e incluso en trastornos derivados de una enfermedad corporal. 

 

En función de la gravedad o de la causa hay que utilizar herramientas de psicoterapia,  psicofarmacología,  cuidados corporales o intervención en las circunstancias vitales.

 

EL TOC: FILIAS Y FOBIAS

 

EL TOC o Trastorno Obsesivo-Compulsivo son compulsiones o manías con tendencias desproporcionadas de afección (filias) o repulsión (fobias. Estas tendencias se materializan en conductas recurrentes que, a diferencia de los impulsos, privan de libertad a pesar de que el paciente es consciente al paciente y le ocasionan sufrimiento a sí mismo y a otros.

 

Se puede producir por no tener saludablemente nutridas las necesidades universales o por creerlo así y se busca el premio de las cosas importantes en sucedáneos.

 

Son ejemplos de filias la adición a la droga y el alcoholismo, la obsesión, la ludopatía, la cleptomanía, ol síndrome de Diógenes.

 

Son ejemplos de fobias la hipocondría, la claustrofobia, la agorafobia, la anorexia y los miedos patológicos a la oscuridad, a las alturas o a los insectos.

 

En un Trastorno Obsesivo Compulsivo típico debe reducirse la capacidad excitatoria de la persona, normalmente con fármacos y técnicas de alivio de la ansiedad, así como nutrir sus necesidades. En compulsiones debidas a un único motivo encontrar la verdadera necesidad que la origina y buscar la manera sana de suplirla.

 

ADICCIÓN A LAS DROGAS

 

Veamos brevemente la adicción a algunas de las drogas más utilizadas:

 

  • El alcohol desinhibe porque duerme nuestro cerebro vigilante y nos permite acallar la voz que nos juzga. Hace válido al que se siente inválido.

 

  • La heroína calma el dolor de verse esclavo, hace sentirse autosuficiente con esa placentera analgesia que imita torpemente al amor.

 

  • El cannabis gregariza porque hace sentir amor y pertenencia al solitario. Hace que nos sintamos concernidos. Ayuda a llenar de presente eterno la conciencia descentrada.

 

  • La cocaína crea guerreros, poderosos, altaneros, decididos, creativos y capaces. Es la droga de los válidos, mientras no les provoque un infarto.

 

LA PARANOIA

 

La paranoia es un tipo de delirio. El paranoico, narra con elevada emoción hechos de los que ha sido testigo o protagonista pero con particularidades: como que produce mucho malestar, que no existe una solución eficaz al problema y que nadie o casi nadie cree que esa narración sea veraz. 

 

El delirio paranoide (me persiguen, me perjudican) produce un estado defensivo de alerta desmesurado y agotador.

 

El fenómeno puede llegar a incrementarse por diversos mecanismos hasta un nivel alucinatorio angustioso.

 

Lo primero es identificar los factores que provocan ese estado: las drogas, algunas alteraciones del ánimo, las situaciones altamente estresantes en personas predispuestas, etc.) y tratarlas, añadiendo inicialmente algún psicofármaco que controle el exceso de alerta.

 

También promover actividades sencillas de alivio de la tensión psíquica: paseos, música, y otras actividades de recreo.

 

Y finalmente ocupar la mente con todas aquellas cosas que también forman parte de la realidad y que son necesarias, como actividades de ocio, buena compañía y proyectos ilusionantes.

 

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